
La histórica carpintería y herrería de “Horacio Rodríguez”, será demolida para dar paso a una Escuela
Se trata de una familia que aún tiene descendientes en la ciudad de Melo que llegó de España a mediados del siglo XIX, buscando nuevos horizontes y el hierro y la madera como materia prima, les permitió ofrecer un servicio de primer nivel a los carruajes de la época que trabajaban en los Molinos harineros de esa zona, llamada: Plaza de las Carretas.
En las próximas semanas, Melo verá desaparecer uno de los últimos vestigios de su pasado más rural y artesanal: la vieja carpintería y herrería de la familia Rodríguez, ubicada frente a la actual terminal de ómnibus, en la zona conocida antiguamente como Plaza de las Carretas.
Este emblemático edificio, cargado de historia y memoria colectiva, será demolido para dar lugar a una nueva etapa: allí funcionará próximamente la Escuela Nº 130 Especial.
Durante décadas, este taller fue un punto neurálgico para la vida del departamento. En los tiempos en que las calles se poblaban de carros, volantas, sulkys y carretas tiradas por caballos y bueyes, la carpintería y herrería Rodríguez cumplía un rol esencial en el mantenimiento y fabricación de esos vehículos.
Allí se confeccionaban a mano las ruedas, llantas, rayos, yugos, ejes y otros implementos imprescindibles para el transporte rural.
Además, el taller ofrecía artículos diversos para el trabajo en el campo, convirtiéndose en referencia obligada para productores, comerciantes y transportistas.
Más que un espacio de trabajo, era un punto de encuentro entre lo urbano y lo rural, donde la destreza artesanal se ponía al servicio de una comunidad en movimiento.
Su valor no era solo funcional, sino también simbólico: representaba el espíritu laborioso y creativo de una época.
Hoy, ese mismo lugar se prepara para un nuevo comienzo.
Si bien la estructura original desaparecerá, su legado perdurará transformado: en el predio donde funcionó esta histórica herrería se levantará la Escuela Nº 130. El edificio donado por el Dr. Rodolfo Perdomo Bica a primaria, será acondicionado para albergar una institución educativa, dándole continuidad al compromiso con la comunidad, esta vez desde la formación y la enseñanza.
La transformación no deja de despertar cierta nostalgia de quienes aún recuerdan con afecto el sonido del martillo, de la bigornia, el olor a madera, a hierro caliente trabajado.
Pero también despierta esperanza, al saber que el mismo suelo que albergó generaciones de artesanos, pronto verá crecer nuevas generaciones de estudiantes.
Así, entre pasado y futuro, Melo despide un rincón histórico que, aunque deje de existir físicamente, permanecerá en la memoria como testimonio de una época en la que todo se hacía con las manos y el corazón.