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Orígenes y evolución

A 130 años del nacimiento del “Hospital de los Pobres”

En el marco del “Mes aniversario” del Hospital de Melo, que comenzamos a conmemorar, 130 años después de la colocación de su piedra fundamental, en esta oportunidad compartimos con nuestra comunidad valiosos aportes del historiador local, Lic. Matías Borba, quien ha investigado profundamente los orígenes y la evolución de lo que inicialmente fue conocido como el “Hospital de Caridad” y luego el “Hospital de los Pobres”.

LA IMPORTANCIA DE LAS COLECTIVIDADES EN LA SALUD

El Lic. Matías Borba subraya la particularidad de la asistencia de salud en el interior del país, que “arrancan siempre como emprendimientos privados o relacionados a instituciones religiosas, a instituciones extranjeras. Y en el caso de Melo, se dio a través de las sociedades de inmigrantes, donde tenemos a la Asociación Española de Socorros Mutuos, a la Asociación Italiana y a la Sociedad Cosmopolita”. Estas sociedades, instaladas a fines del siglo XIX, fueron la fuerza motriz detrás del reclamo por un centro de asistencia pública, una idea que se formalizó ante el Presidente Juan Francisco Giró en 1852.

El nacimiento del “Hospital de Caridad” en 1895 fue un hito crucial para Melo. Según Borba, “el 27 de junio de 1895, en un predio que la Sociedad Cosmopolita había adquirido, frente a lo que era la plaza 27 de junio, se coloca la piedra fundamental. Y lo interesante es, en el marco del centenario de la villa, que pasa a transformarse en ciudad, habla también de un crecimiento de la población que poco a poco va reclamando necesidades de lo que es la vida cotidiana. Más gente implicaba también más población que necesitaba asistencia médica”.

 El “certificado de pobreza” Un aspecto notable de los primeros años del hospital fue el “certificado de pobreza” implementado en 1910, tras una ley que centralizó la asistencia de salud bajo la Comisión de Asistencia Pública. Borba explica que para la asistencia gratuita “se solicitaba para la asistencia gratuita un ‘certificado de pobreza’, que era simplemente ir ante una comisaría, solicitar al policía de turno que hiciera una inspección que certifica que la persona no podía pagar los servicios”. Aquellos sin el certificado pagaban una tarifa diaria de $ 2, que incluía alojamiento, asistencia y alimentación. La llegada de la congregación de “las Hermanas del Perpetuo Socorro” en 1922 marcó otra etapa importante, supliendo la falta de personal capacitado en el interior.

 «En ese entonces, la falta de médicos recibidos, de personal capacitado – sobre todo en el interior del país -, es suplida con la instrucción que muchas de las religiosas tenían”, afirma Borba. Estas religiosas trabajaron codo a codo con los primeros directores del hospital, como el Dr. Juan Darío Silva, Luis Enrique Murguía y Juan Hiriart. Expansiones posteriores en espacios y servicios La preocupación por la salud pública continuó impulsando mejoras.

 En 1927, impulsado por el Dr. Darío Silva a través del diputado Enrique Andrioli, se sancionó una ley para ampliar el hospital, abordando una necesidad crítica: la falta de una sala para enfermos infecto-contagiosos. Borba señala que esto “imposibilitaba que, bueno, enfermedades que podían ser fácilmente tratadas, pero por cuestiones de sanidad no podían compartir los espacios que tenía el hospital, bueno, no podían atenderse por más que tuviesen su certificado pobre, pudiendo incluso pagar los $ 2 diarios para la asistencia”. La ampliación incluyó un pabellón para infecto-contagiosos, una sala de maternidad, una farmacia y una sala odontológica.

Finalmente, compartir los conceptos de Borba, sobre que el Hospital de Melo, a lo largo de su historia, no solo ha sido un centro de asistencia médica, sino también un pilar en la conformación de la identidad y el paisaje urbano de Melo. Su imponente estructura y su ubicación, a pesar de estar más alejada del centro, reflejaban el movimiento higienista de principios del siglo XX y el deseo de la comunidad por contar con servicios de salud dignos. La historia del hospital es un testimonio de la solidaridad inicial entre inmigrantes y orientales, que luego se consolidó con el apoyo estatal, para ofrecer a la ciudad el centro de asistencia de salud que merecía y reclamaba.

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