Rurales

Alarmas por los costos y el atraso cambiario

 

Se definió el precio definitivo de la zafra 2021/22: el valor de la bolsa fue de US$ 12,27, al restar el pago del fondo arrocero el productor cobrará líquido US$ 11,75

 

Sabido es que el sector arrocero nacional cuenta con la tradición y fortaleza de acordar el precio entre productores e industria. Esta ha sido una característica de la cadena desde hace décadas, y permite una integración entre todos los eslabones que los propios actores se encargan de cuidar, y mucho. Hace algunos años, por falta de acuerdo entre partes, se tuvo que usar el instrumento de arbitraje, donde entran terceros a definir el precio del cereal por falta de acuerdo. Este mecanismo es algo que siempre se intenta evitar, buscando las formas de llegar antes a un acuerdo entre partes. Por eso, al consultar a las fuentes, lo primero que se resalta es el hecho de haberse sentado e negociar y una vez más, poder anunciar el precio definitivo de la zafra 2021-22.

“La industria está conforme con acordar de nuevo: nuevamente hay un entendimiento entre partes que es la norma. Lo principal es que todos estemos alineados en los números, los costos y mirando los mismos parámetros”, señaló Nicholás Lawlor, integrante del molino Casarone y actual presidente de la Gremial de Molinos Arroceros del Uruguay.

Por su parte, Freddy Lago, presidente de la Asociación de Cultivadores de Arroz dijo que fue una negociación dura, pero nada que no haya sucedido antes. “Cada parte defiende con fuerza su posición. Valoramos mucho el haber vuelto a acordar, aún en este marco de firmeza, y estamos satisfechos con el proceso: pienso que es un precio justo”, añadió.

A grandes rasgos, el precio convenio es un sistema que establece que el pago que reciben los productores asociados sea acordado entre los directivos de la ACA y Saman, Casarone, Coopar y Adecoagro, los 4 molinos integrantes del precio convenio. Al 30 de junio del mismo año de la cosecha, se deposita en la cuenta del productor la totalidad del pago en función del precio provisorio, mecanismo ideado para otorgar liquidez al arrocero en caso de tener que enfrentar el pago de créditos, rentas y proveedores, entre otros. El cálculo de este precio provisorio se realiza usualmente con entre un 30% y un 50% del arroz vendido, por tanto, nunca deja de ser una estimación que oscila entre los datos concretos y la expectativa futura.

Al año siguiente a la zafra correspondiente, cuando ya se está cosechando o habiendo terminado de cosechar la nueva zafra, productores y molinos se sientan nuevamente a negociar el precio definitivo, que tiene un efecto retroactivo: viene a terminar de definir el precio de la zafra pasada. Esto sucede así porque se realiza con el mayor porcentaje posible de arroz vendido, intentando siempre que no haya remanente que se deba vender con la nueva cosecha. Generalmente, el precio se mantiene o se paga algunos centavos más al productor por bolsa.

 

Datos

 

Para el cálculo del precio definitivo, se promedia la totalidad de ventas del arroz en todas sus formas y subproductos, se resta el costo industrial, se resta la utilidad de la industria, y se discute en qué nivel queda la ganancia al productor. Hay años en los que este sistema permite captar mejores valores y en otros la cuenta es más compleja, pero se ha caracterizado por brindar un respaldo al productor.

El año pasado, el precio provisorio definió que el productor cobre unos US$ 11,45 por la bolsa de 50 kilos. En los últimos días, sustentado en una mejora de las exportaciones en el mercado internacional, ambas partes acordaron US$ 12,27 para el precio definitivo.

Es preciso mencionar que dentro de esta cifra se encuentran los 49 centavos de dólar a favor del productor por devolución de impuestos, pero no está incluido el pago que los productores deben hacer por el fondo arrocero, mecanismo financiero que inyectó liquidez al sector hace algunos años asegurando su subsistencia en tiempos de crisis, pero que los productores deben reembolsar en su totalidad.

Es así que de esos US$ 12,27, el productor cobra líquido unos US$ 11,75: unos 30 centavos de dólar por encima de lo percibido con el precio provisorio. A su vez, como tradicionalmente sucede, la variedad Tacuarí tiene un dólar de sobreprecio, cobrando así el productor unos US$ 12,75. Si se observa frente al año pasado, donde el precio definitivo estableció el cobro de US$ 12,35, se puede observar que hoy los productores arroceros cobran 60 centavos de dólar menos por cada 50 kilos de producción.

 

Un precio justo

 

Consultadas ambas partes, el consenso es que el precio es justo. Por parte de los productores, siempre se espera percibir más, si bien se entiende la coyuntura. “El productor siempre pretende más, sobre todo considerando el nivel de calidad y eficiencia del arrocero uruguayo”, expresó Lago. No obstante, dijo que “la realidad macroeconómica de un país caro, con un gran atraso cambiario, donde elaborar una tonelada sale caro, no es responsabilidad de la industria”.

Un aspecto importante a resaltar de la composición de las exportaciones, es que se enviaron grandes cantidades de arroz cáscara, cargo o integral. Esto indica que son producciones que no pasaron por el proceso industrializador, y es fundamentalmente porque el agregar valor le quita competitividad por lo caro del país. Sería equivalente a exportar terneros en pie, lo cual ofrece una opción válida al productor, pero indudablemente también va en perjuicio de la generación de empleo y agregado de valor en nuestro territorio. El atraso cambiario ha jugado un papel clave en este cultivo, el cual tiene un costo por hectárea muy superior al del resto de la agricultura nacional, y atraviesa a su vez un proceso de elaborado mayor. Esto se puede notar en que casualmente, la devolución de impuestos es menor que el fondo arrocero, cuando normalmente ha sido lo opuesto. “El precio refleja la realidad de los costos de agregar valor en Uruguay, si bien hubo una tonificación de los precios con el transcurso de las ventas”, añadió Lawlor.

En definitiva, como es característico en un sector arrocero con más de 70 años de trayectoria institucionalizada, las partes volvieron a sentarse en la mesa y acordar, en un rubro que, como explicamos anteriormente, fija su precio de una forma muy diferente al que se utiliza para comercializar otro tipo de granos.

Desde luego, industria y productores pujarán por sus intereses dentro de un marco sano y reglamentado, donde en casos la balanza se inclinará hacia un lado o hacia el otro, pero con el sector subsistiendo en conjunto y no en detrimento uno de otro. De todos modos, más allá de la coyuntura del mercado internacional y de manejar un producto de primera necesidad y por tanto bajo valor, al mirar el cierre de la cuenta vuelven a encenderse con fuerza las alarmas por los costos y el atraso cambiario.

 

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