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Porros

Esta es una de las consecuencias más desconocidas de fumar a diario

El consumo de cannabis a largo plazo no solo aumenta el riesgo de problemas cognitivos y de salud mental. Un nuevo estudio alerta sobre uno de los peligros menos conocidos de los porros.

El consumo intensivo de cannabis a largo plazo tiene consecuencias negativas en distintas esferas. Se suelen citar los problemas cognitivos y de salud mental, como la pérdida de memoria y la psicosis, como los más destacados, pero no son los únicos. Un estudio que se acaba de publicar en la revista Journal of the American Heart Association desvela que existen otras complicaciones importantes a las que conviene prestar especial atención.

Lo primero es establecer el punto de corte para determinar qué se considera una exposición peligrosa a esta droga. Un grupo de expertos liderados por el Hospital Clínic-Idibaps, de Barcelona ha llegado a la conclusión de que el consumo de 5 o más porros a la semana implica un riesgo alto para la salud de la población sana mayor de 21 años. A partir de ahí es cuando se puede hablar de consecuencias significativas.

Riesgo cardiovascular: infarto e ictus

El nuevo estudio, realizado con datos de más de 430.000 adultos de Estados Unidos, es uno de los más extensos que ha indagado en la relación entre consumo habitual de cannabis y riesgo de eventos cardiovasculares. Entre quienes lo consumían de forma más o menos habitual, el 75% lo fumaban y el 25% restante lo tomaban de diversas maneras: vaporizado, bebido, marihuana añadida a algún tipo de comida…

Los resultados obtenidos no dejan lugar a dudas sobre el vínculo de esta droga con la salud vascular, tanto cardiaca como cerebral: en comparación con quienes no consumían cannabis, fumar porros a diario se relacionó con un incremento del 25% de la probabilidad de sufrir un infarto de miocardio y un 42% de la de padecer un ictus. Quienes solo consumían una vez a la semana seguían teniendo riesgo, pero bastante inferior: un 3% más de probabilidades de tener un infarto y un incremento del 5% en la posibilidad de experimentar un ictus.

“El consumo de cannabis podría ser una fuente importante y subestimada de enfermedad cardiovascular”, concluyen los autores de este análisis, encabezados por Abra Jeffers, del Hospital General de Massachusetts en Boston.

Cómo se produce el daño en las arterias, el corazón y el cerebro

No se conocen los mecanismos exactos por los que el cannabis produce el daño cardiovascular, pero cada vez existen pistas más fiables sobre las posibles explicaciones. Para empezar, se sabe que cuando se quema el cannabis se liberan toxinas similares a las que se encuentran en el humo del tabaco.

Además, se cree que pueden jugar un papel fundamental los receptores endocannabinoides, que constituyen la parte de las células responsables de reconocer el tetrahidrocannabinol (THC), el principal ingrediente psicoactivo del cannabis. Estos receptores están muy extendidos en los tejidos cardiovasculares del cuerpo y podrían facilitar los riesgos cardíacos.

Según la Guía Clínica de cannabis, elaborada por Socidrogalcohol, “diversos tipos de arritmias, miocarditis y pericarditis, muerte súbita, coagulopatías, tromboangeítis obliterante e hipertensión arterial están asociadas al consumo regular de cannabis”. Recientemente se ha vinculado también con la cardiomiopatía de estrés o síndrome de Tako-Tsubo.

Fumar porros se ha relacionado, asimismo, con la enfermedad arterial coronaria, que es la patología que suele estar detrás de los eventos cardiacos.

Más riesgo de ictus en jóvenes

Los resultados de este nuevo estudio se suman a los de otros recientemente difundidos. Entre ellos hay varios que ponen de manifiesto el incremento del riesgo de ictus entre los jóvenes. Fumar porros a edades tempranas no solo aumenta las probabilidades de sufrir un evento cerebrovascular, sino de sufrir ictus recurrentes.

Otros efectos del consumo de cannabis a largo plazo:

  • Problemas de memoria y aprendizaje. 
  • Trastornos emocionales (ansiedad, depresión) y de la personalidad. 
  • Psicosis y esquizofrenia (especialmente en individuos predispuestos). 
  • Peores resultados académicos. 
  • Abandono prematuro de los estudios. 
  • Dependencia (7-10 % de los que lo prueban). 
  • Enfermedades bronco-pulmonares (bronquitis crónica, enfisema pulmonar) y determinados tipos de cáncer (sobre todo, cáncer de pulmón). 
  • Tastornos del ritmo cardiaco (arritmias).
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